Todos los problemas alrededor de la palabra «motivación» en el contexto deportivo

Si repaso lo que me conlleva el proceso de completar una carrera como una media maratón parece ridículo: invierto todas mis madrugadas, cientos de horas, miles de colones y energía en algo en lo que soy mala. Y aún así insisto, a tal punto que, en estos momentos de mi vida, correr es una prioridad.

Soy muy mala haciéndolo porque todavía no tengo la mejor técnica, porque cuando corro un kilómetro por debajo de 5 minutos siento que muero, porque he tenido que parar en carrera por no saber controlar un cólico. Porque nunca voy a ganar una carrera.

Pero insisto porque hay una parte más importante en esto: mi felicidad. Y esa felicidad la he encontrado en la disciplina, la perseverancia y la paciencia para entrenar lo suficiente como para cruzar la línea de meta entera, sonriendo, o llorando.

Correr es una decisión únicamente personal. Y, por lo menos para mí, depende de dos factores: la disciplina y la motivación. La disciplina porque yo ya adopté un estilo de vida en el que priorizo el deporte, y la motivación porque, aunque depende de muchos factores, internos y externos, cuando viene de la fuente correcta, es como gasolina para hacer y hacer o para correr y correr.

Sin embargo, la palabra motivación está viciada y muchas veces mal empleada.

¿De dónde viene la motivación?

Si no lo sabés tenés que buscar el origen. Y no estoy hablando de la teoría, aunque ya vamos a ir a verla, me refiero a tu interior. ¿Por qué vas al gimnasio en la mañana? ¿Porque te gusta o porque sos feliz durante esa hora en la que tu mente no está trabajando con una laptop al frente? ¿Vas al gimnasio porque querés bajar de peso o porque genuinamente te sentís bien cuando te movés y liberás estrés?

Creo que hay problemas alrededor de la palabra motivación en el ámbito deportivo porque casi siempre está arraigada a la obtención de una recompensa o a alcanzar una meta, y se deja de lado la razón auténtica de realizar la actividad física por el placer mismo que da la actividad en sí. No es que ir al gimnasio para bajar de peso esté mal, es que la motivación por la que voy es porque obtendré algo y si ese algo no llega tan rápido como quisiéramos esa motivación se irá en un dos por tres. Por eso tantas personas empiezan el año «motivadas» con hacer ejercicio, se inscriben en el gimnasio y al mes o mes y medio dejan de ir. Dejan de ir porque estaban esperando algo a cambio que en ocasiones tarda en llegar y nunca se concentraron en la satisfacción de hacer ejercicio.

Esto se llama motivación intrínseca y extrínseca, según se explica en el capítulo 10 del libro Introducción a la psicología, el acceso a la mente y la conducta.

La motivación intrínseca ocurre cuando actuamos para obtener recompensas internas sin necesidad de recibir recompensas externas, es cuando actuamos porque disfrutamos una actividad o la vemos como una oportunidad de explorar, aprender y realizarnos. Por su parte, la motivación extrínseca nace de factores externos, como pago o recompensa a lo que hacemos (Coon et al, 2019, p.317).

Veamos un ejemplo enfocado en el ejercicio:

¿Por qué salgo a correr?

  • Motivación intrínseca: porque siento placer cuando me muevo al aire libre, porque me desestresa, porque me siento agradecida con la vida.
  • Motivación extrínseca: porque quiero bajar de peso, porque quiero prevenir enfermedades, porque quiero ganar una carrera.

Todas las motivaciones intrínsecas suceden de inmediato, por el contrario, todas las extrínsecas pueden o no suceder, son intangibles y muchas veces son solamente expectativas y ese es el problema de centralizar la práctica deportiva a la consecución de premios o recompensas, que cuando no suceden pues «nos desmotivamos».

Entonces, ¿se debe evitar la motivación extrínseca? No, pero no debemos usarla en exceso porque si nos acostumbramos a actuar de esa manea, las recompensas pueden disminuir la motivación intrínseca y el interés espontáneo de hacer las cosas solo porque sí, solo porque son placenteras (Coon et al, 2019, p.317).

La pregunta es obvia: ¿cuál es tu motivación para hacer ejercicio?

Referencias bibliográficas

D. Coon, J. Mitterer y T. Martini. (2019). Introducción a la psicología, el acceso a la mente y la conducta (14a. ed.). Cengage

2 comentarios sobre “Todos los problemas alrededor de la palabra «motivación» en el contexto deportivo

  1. ¡Hola!

    Mis motivaciones deportivas han sido poco estáticas. De pequeño, siempre fui reacio para la bola, aún admirando muchísimo cuando mis amigos decían «yo voy con x equipo», porque apreciaba ver el sentido de pertenencia. Mi motivación allí era disfrutar la relación social. Luego, lo que me movía se volvió muy combativo jugando en compu, eso terminó llevándome fuera del país a competir. Y ahora, me gusta mucho callarme, al inspirarme en escaladores que se sostienen de casi nada mientras les sangran las yemas de los dedos. Cuando duele agudamente, se estremece todo y aún así logro sostenerme un poquitito más, silencio brevemente la voz que dice «usted no puede hacer esto».

    Eduardo B

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  2. Mi motivación suele ser el aburrimiento o mi mamá, el aburrimiento me lleva a hacer mil cosas, pero si me pongo a hacer ejercicio si o si la voy a pasar bien, pero lo único que me aleja de esto es tener que sudar por un gran rato y después si o si tener que bañarme para no oler mal y mi mamá pasa haciendo ejercicio siempre y de vez en cuando me inspira para hacer cosas con ella, como hace unos años que corrimos casi todas las carreras de 5 kilómetros en las que pudimos participar.

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